Siento que estoy pagando algo que no hice en mis tiempos de estudiante: Salir, hacer amigos, distraerme. El hecho de seguir las reglas y las convenciones sociales me obligaron a dedicar mi tiempo y mis energías al estudio. ¿Fiestas? Ni hablar, ¿Salir? Imposible, hoy me doy cuenta de que es difícil, que mis amigos tienen otras responsabilidades o planes, y en los que es difícil entrar.
No quiero decir que siempre tienen que estar conmigo, pero cuando te das cuenta de que algunos nunca pueden, me pongo a pensar en qué aburrida se está convirtiendo mi vida. Tal vez no sea el alma de las fiestas, no sea muy tomador, ni el simpático del grupo, que pena que no lo sea, de lo que me estoy perdiendo...