sábado, 15 de octubre de 2011

Las salidas frustradas

Me desespero. Cada fin de semana es casi lo mismo. Después de una semana de trabajo, hay un momento en que quiero salir y distraerme en otras cosas, dejar de lado por un momento (aunque no completamente) mis tareas y responsabilidades. Pero tengo un defecto: No me gusta hacerlo solo. No es lo mismo. No es igual. Es lo más aburrido que se puede imaginar. Todo termina antes. Se termina la película, me acabo el café y con esto concluye todo. De regreso a la casa, para volver a la rutina y esperar a que vuelva el lunes.
Siento que estoy pagando algo que no hice en mis tiempos de estudiante: Salir, hacer amigos, distraerme. El hecho de seguir las reglas y las convenciones sociales me obligaron a dedicar mi tiempo y mis energías al estudio. ¿Fiestas? Ni hablar, ¿Salir? Imposible, hoy me doy cuenta de que es difícil, que mis amigos tienen otras responsabilidades o planes, y en los que es difícil entrar.
No quiero decir que siempre tienen que estar conmigo, pero cuando te das cuenta de que algunos nunca pueden, me pongo a pensar en qué aburrida se está convirtiendo mi vida. Tal vez no sea el alma de las fiestas, no sea muy tomador, ni el simpático del grupo, que pena que no lo sea, de lo que me estoy perdiendo...