Empezó muy bien, hoy soñé con ella. De nuevo. Verla, aunque sea en mis sueños, es una gran alegría. Descubro que cuando estoy con ella, ya sea en la realidad o en el sueño, me siento bien, pareciera que se detiene el tiempo y que el alma se tranquiliza, después de las vicisitudes de la jornada previa.
Su sonrisa me enloquece, su mirada me enamora. Sus ojos son una puerta a un universo que es indescriptible para mí, porque lo considero perfecto, ideal. Ahí me siento pleno.
Pero como todo sueño, tiene un final.
Un despertar que se convierte en algo tan fatídico como una ausencia, que me hace gritar por dentro por perderla un momento, aunque haya sido en un sueño.
Sé que la volveré a ver, es lo que ansío a cada momento de mi vida; a cada segundo espero el momento de verla en una conversación de messenger, en su portal de Facebook; no sé si esto es lo que se llame estar enamorado; pero si es así, no queda más que reconocer.
Ah, y también llovió hoy...
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